sábado, septiembre 18, 2021

LAS VAMPIRAS AMANTES

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Vivimos en un planeta religioso. La mayor parte cree en algún género de deidad y la brujería es práctica frecuente –y hasta protegida por la ley– en muchas etnias.

En un contexto de este modo, quizás no sea tan extraño que ciertas personas se pregunten si verdaderamente los vampiros existen. La cuestión volvió a proponerse a lo largo del juicio de las llamadas vampiresas lesbianas.

Tracey Wigginton y 3 mujeres más fueron acusadas del asesinato de Edward Baldock en Brisbane (Australia) el veinte de octubre de mil novecientos ochenta y nueve. La acusación mantuvo que Tracey había persuadido a Llana Ptaschinski, Kim Jervis y Tracy Waugh de que era uno de estos monstruos chupasangre y que precisaba el líquido vital humano para subsistir. Asimismo les afirmó que podía supervisar las psiques del resto. En el caso de sus asistentes, se podría decir que esto era cierto. En cualquier caso, creían sin duda que era una vampiresa.

AMOR Y COLMILLOS


En las películas, los vampiros acostumbras a ser bastante siniestro, si bien en ocasiones sostienen un estilo sensual. Los dientes puntiagudos y la animadversión a la luz vienen de factoría. Sus orígenes se hallan en la novela Drácula, de Bram Stoker, que se inspiró por su parte en ciertas historias de los señores medievales de la guerra de los Cárpatos.

Conforme los imaginó Stoker, los vampiros son poderosos, tienen los sentidos muy desarrollados, se nutren de sangre y no tienen contrariedades para cautivar humanos. Es poco probable que Tracey encajase en un perfil de este modo, mas de lo que no cabe duda es que cautivar se le daba bastante bien.

El viento soplaba fuerte y levantaba nubes de polvo en una carretera a las afueras de Brisbane. En un bar próximo, 4 mujeres brindaban con champaña. Todas y cada una llevaban cuchillos ocultos en la ropa o bien en el bolso: estaban preparadas.

La que parecía liderar el conjunto era alta y bastante robusta, tenía la cara rociada por una lluvia de acne y se reía a carcajada limpia. Las otras mujeres no la conocían desde hacía bastante tiempo –Lisa solo había sido su amante a lo largo de dos semanas–, mas su carisma las tenía atrapadas. Ahora eran su guarda pretoriana. Cuando acabaron sus bebidas se subieron en un vehículo con pretensión de recorrer las calles de Brisbane. La cacería había empezado.

No advirtieron ninguna presa: ni perdedores solitarios ni damas miedosas. Qué pena. Mas justo cuando estaban a puntito de transformarse de nuevo en 4 mujeres hastiadas, se hallaron con Edward Baldock, que estaba apoyado en una farola por el hecho de que había bebido demasiado.

Sin embargo, Baldock tenía una vida plena: estaba casado, tenía hijos y un trabajo en el municipio. Lo de salir a tomar hasta emborracharse no era un síntoma de marginalidad o bien depresión, al contrario: había estado con sus amigos jugando a los dardos y aguardaba que pasase un taxi para regresar con su familia.

Entonces apareció un turismo con 4 chicas con actitud amistosa que le ofrecieron llevarlo hasta casa. “¿Por qué razón no?”, pensó. Se subió al vehículo y por los altífonos comenzó a sonar Prince con el tema “Batdance”. Lo próximo que sintió Baldock fue el cuchillo de Llana atravesándole las supones.

El homicidio no supuso demasiados quebraderos de cabeza para la policía local. El cuerpo de Baldock apareció con una tarjeta en uno de sus zapatos donde se podían ver las iniciales “T.A.” seguidas del apellido Wigginton. El arma que habían usado para matarlo se la llevó Kim y la lavó a medias.

¿ESA MUJER ES UNA VAMPIRA?


En un contexto normal, en el momento en que una persona se presenta como un ser sobrenatural, lo que escucha al finalizar el alegato es una ovación acompañada de risotadas. Eso en el mejor caso. En el peor, la gente la ignora y prosigue con sus cosas.

No obstante, la cosa cambia cuando tienes discípulos, gente que cree en ti. Puesto que las nuevas amigas de Tracey creían en ella por el hecho de que, conforme el sicólogo Mark Griffiths, los vampiros sí existen, si bien no como los presenta Stoker o bien Hollywood. Se trata de individuos a quienes les excita la sangre y acostumbran a bebérsela. Lo propio es una obsesión fetichista. Tracey, según parece, adquiría sangre frecuentemente en su carnicería próxima.

Tracey y sus amigas formaban una parte de la cultura gótica y eran apasionadas a la brujería y el ocultismo. “Satanismo”, lo llamó la prensa australiana. Un detective explicó después que “el conjunto parecía ofuscado con la muerte”. Llana y sus compañeras pudieron localizar en Tracey un estímulo que atenuara sus dudas y curiosidad.

En lo que se refiere a exactamente la misma Tracey, en algún instante debía probar que estaba presta a recorrer el camino que hay del dicho al hecho. Unos días ya antes del asesinato había pedido una voluntaria para tomar un tanto de su sangre. Plana se ofreció.

Los estudiosos piensan que el carisma de Tracey era tan fuerte que las 3 amigas estaban persuadidas de lo que les afirmaba. Plana llegó a declarar que podía leer sus pensamientos. Es tal y como si en esa situación se diluyera en sus cabezas la línea que deja distinguir a una persona mentalmente inestable de una vampiresa.


Llana, por poner un ejemplo, era simple de impresionar. Tenía un historial de sobredosis por culpa de las drogas y se autolesionaba con frecuencia: en los 5 años precedentes al asesinato de Baldock había sido hospitalizada ochenta y dos veces. A lo largo del juicio afirmó: “Tracey ejercitaba un control sobre mí como jamás absolutamente nadie lo había hecho antes”. A los especialistas no se les escapó el detalle: no solo había dicho que ejercitaba control sobre ella, sino lo hacía como jamás absolutamente nadie lo había hecho de antemano.

La declaración llevaba tácito el reconocimiento de que se trataba de una persona horriblemente sumisa. En determinadas prácticas fetichistas se realizan pequeños cortes, una parafilia que no tiene por qué razón acarrear peligros si se sostiene el control de la situación, mas cuando Tracey solicitó a una de sus amigas efectuarse una incisión para tomar su sangre, es muy posible que Plana se ofreciese por el fácil anhelo de quererle gustar.

SIN MALDAD


Hasta qué punto las 3 amigas de Tracey participaron en el homicidio de Baldock de manera voluntaria fue uno de los puntos clave que se discutieron a lo largo del juicio.

A lo largo del proceso, las amigas de Tracey coincidieron al apuntar que no pensaban que su líder fuera a cometer verdaderamente un asesinato y que todo sucedió cuando tenían la guarda baja. Asimismo adujeron que les habían lavado el cerebro. La prensa se hizo eco de lo que aparentemente podía hacer Tracey, siempre y en todo momento conforme sus compañeras: no reflejarse en los espéculos y hacer desaparecer a las personas “a salvedad de sus ojos”. Hasta en un pequeño tal aseveración habría semejado forzada, mas en 3 adultos el tema cobró tintes tragicómicos.

Mas ¿qué ocurría con la propia Tracey? Una cosa es interiorizar las propias patrañas y otra muy, muy diferente es hacérselas opinar a otra gente. ¿Quizás eso no supone fortalecer la fantasía que ha construido? Todos deseamos creernos lo que nos afirmamos, continuamente. ¿Por qué razón Tracey iba a ser diferente? Tras cometer el homicidio , la mujer se describió como “la lava de un volcán”, como una fuerza de la naturaleza irrefrenable. “No piensas en nada, la psique se queda en blanco. No hay emociones. Solo sientes una cosa: furia asesina”, agregaría.

“LA PRENSA HIZO ECO DE LO QUE SUPUESTAMENTE PODÍA REALIZAR TRACEY: NO REFLEJARSE EN ESPEJOS Y HACER DESAPARECER A LAS PERSONAS.”


En esta línea, Tracey declaró: “Todavía puedo olfatear el río, era salobre y olía a sangre, un aroma como de metal que se había oxidado bajo la lluvia”. Ese énfasis en el olfato asimismo recuerda a ciertos pasajes de Drácula. Es algo animal que sugiere la idea de separarse de la civilización, mas asimismo la necesidad de escapar del riesgo y del juicio. Sugiere, en resumen, que los impulsos deben obedecerse, si bien trasciendan a la moralidad y la lógica. Como en una novela gótica.

A pesar de que todo esto pueda resultar exageradamente excéntrico, pues lo es, es conveniente no quitarle relevancia. Este juicio sacudió a la sociedad australiana. Si creemos en Dios y en su opuesto —Satán—, ¿por qué razón no hacerlo en otra fuerza invisible? ¿Por qué razón no pensar en nuestra naturaleza invisible? En su libro Inside the Mind of the Vampire, Ron Hicks se pregunta si Tracey fue “el primer vampiro en trescientos años… ¿o bien tal vez el primero de la historia?”.

PERDER EL RUMBO


Las pruebas materiales contra Tracey, sumadas a los testimonios de sus amigas, dotaron de armas a la fiscalía. Los especialistas determinaron que padecía un desorden de personalidad múltiple. Los siquiatras de la defensa convencieron al tribunal a fin de que la juzgase en ausencia por el hecho de que, en caso contrario, la experiencia podría traumarla. Quienes la habían examinado a lo largo de la investigación llegaron a sugerir que la personalidad que había cometido el homicidio y la personalidad en el instante del juicio no eran la misma; aun especularon con que una tercera personalidad, diferente, era la encargada de depositar la tarjeta con su nombre en el zapato de Baldock.

Sin embargo, el juez decidió que Tracey reunía las facultades mentales suficientes para decidir por sí sola. El diagnóstico del trastorno no se vio como un síntoma de incapacidad mental, sino más bien como un mecanismo de defensa que había desarrollado a lo largo de la niñez para lidiar con los abusos que padeció.

Es más, ciertos académicos, como Belinda Morrissey, llegaron a simpatizar con Tracey, a quien veían como una víctima. No obstante, nada puede justificar el hecho de ir acuchillando gente. El tribunal asimismo lo vio de esta forma y Tracey fue condenada a cadena perpetua.

MODALES, MORAL Y MODERNIDAD


Llana Ptaschinski asimismo fue acusada de asesinato y sentenciada a cadena perpetua. Kim Jervis fue condenada por homicidio involuntario. Con Tracy Waugh las cosas fueron un tanto diferentes: nada sugería que participara activamente en el crimen, si bien sí asistió a planearlo y, en verdad, se hallaba en el vehículo cuando Baldock subió.

El fiscal Adrian Gundelach declaró más tarde que, a lo largo del juicio, se vistió de forma atrayente y juvenil, como deseando aparentar una forma de ser realmente femenina y también inocente. Si fue de este modo, no le salió mal: fue declarada inocente y puesta en libertad. Aquella resolución hizo que brotaran voces cuestionando si el juicio era por el homicidio de Baldock o bien si lo que se estaba juzgando eran la apariencia y las opiniones de una serie de personas.

“¿SE ESTABA JUZGANDO EL ASESINATO DE BALDOCK O bien LA APARIENCIA Y CREENCIAS DE UNA SERIE DE PERSONAS?”

Tracey y sus compinches están el día de hoy en libertad condicional. Quizá la única verdad sobre el caso fue la que pronunció la propia Tracey cuando dijo: “Asesinar a alguien es horrible. Es una experiencia que aterra, por el hecho de que aterra tener tanto poder. Es jugar a ser Dios; jugar a dar y eliminar la vida. Y absolutamente nadie debería tener ese poder, mas en el fondo todos lo tenemos”.

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