lunes, julio 26, 2021

Richard Cottingham ‘Destripador de Times Square’

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‘Destripador de Times Square’​

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Richard Cottingham nació un 25 de noviembre de 1946 en Bronx, Nueva York, ciudad en la que permaneció hasta que, cuando tenía 12 años, se mudó con su familia a New Jersey.

En New Jersey, Richard creció con sus dos hermanos menores, su padre (que trabajaba en una compañía de seguros) y su madre (encargada de las labores del hogar). En su colegio inicial, el St. Andrews, tuvo problemas haciendo nuevos amigos, aunque nunca sufrió el bulling ni tipo alguno de abuso. En efecto, aquellos dos años en el St. Andrews fueron afables pese a la soledad, ya que desarrolló interés por las palomas mensajeras y, además, solía juguetear frecuentemente con su madre en el patio trasero.

Ya a sus 14 años, Richard fue trasladado al colegio Pascack Valley, donde encontró mayor aceptación que en el colegio anterior, aunque tampoco llegó a ser un chico popular. Por otra parte, entre sus 14 y 18 años, Richard estuvo voluntariamente dentro de un equipo de corredores de larga distancia.

Después de culminar la secundaria, Richard estuvo trabajando como operador de computadoras en la compañía de seguros donde laboraba su padre. Paralelamente a eso, también tomó unos cursos de Informática que lo ayudaron a obtener, ya con 20 años, un mejor trabajo en la Blue Cross Blue Shield of Greater New York.

Richard nunca había sufrido abuso sexual, físico o psicológico, y sus padres eran personas relativamente equilibradas que lo querían y no abusaban del alcohol o las drogas. Sin embargo, pese a no contar con una razón aparente que lo encaminase hacia el mar de turbias emociones e impulsos que comúnmente conduce al delito, con apenas 21 años Richard mató a Nancy Vogel, una mujer casada de 29 años, madre de dos hijos.

El suceso se dio en 1967, pero nadie supo de la culpabilidad de Richard hasta el 2010, año en el cual confesó lo sucedido. En el crimen de Vogel, Richard tuvo facilidad para tener a la víctima a su alcance, ya que aparentemente la conocía, y esto pudo haber tenido mucho que ver en el hecho de que el cadáver de Vogel fuese encontrado en el coche que manejara cuando vivía.

En el vehículo, dejado cerca de Ridgefield Park, yacía el cadáver desnudo de la chica. Era claro, por los signos, que Vogel había muerto estrangulada. Las fuentes no mencionan explícitamente un abuso sexual, pero lo más probable es que sí lo hubiera habido.

Irónicamente, la primera detención de Richard, ocurrida en 1969, no tendría lugar por el gravísimo asesinato de Nancy Vogel, sino por algo tan “banal” como conducir borracho, delito que le costó 50 dólares y diez días en la cárcel.

Poco tiempo después de su breve arresto, a los 23 años Richard se casó con Janet, mujer con la cual habría de tener tres hijos.

Transcurrió así su vida con cierta tranquilidad, aunque en 1972 lo multaron y detuvieron brevemente por hurtar algo en una tienda; pero también, y esto ya evidenciaba sus fuertes inclinaciones criminales, lo acusaron de violación con sodomía incluida, aunque las evidencias no aparecieron y Richard pudo salir libre.

Por último y antes de hablar de sus grandes crímenes, habría que acotar que en 1979 (esto es, justo en la época de su carnicería), después de que su esposa se enterara de dos infidelidades, ésta pidió el divorcio y se marchó a Poughkeepsie con sus tres hijos.

Entre 1977 y 1980, Richard acabó con las vidas de 5 mujeres. Tras su arresto confesaría haber matado aproximadamente a unas 100 (incluyendo las 5 ya dichas), aunque es prácticamente seguro que aquello constituía una mentira para llamar la atención e inmortalizarse en el salón de la fama asesina; y es que, según indican las evidencias y los análisis, en realidad solo mató a una mujer más: Nancy Vogel, mencionada anteriormente.

Pasando ahora a detallar los grandes crímenes de 1977-1980, tenemos que el primero ocurrió la noche del 15 de diciembre de 1977. Esa noche, en las proximidades de una alambrada cercana a un motel de New Jersey, el cadáver de la joven (26 años) radióloga Mary Ann Carr fue encontrado en terribles condiciones: desnudo, con las piernas cortadas, los pechos extirpados, las muñecas marcadas por esposas, la boca con restos de cinta adhesiva, las marcas dejadas por lo que se describió como un “objeto contundente”, una serie de moretones, y abundantes mordidas impresas por el frenesí animal del asesino.

La historia detrás de la escena dantesca era que Richard la secuestró cerca de su apartamento, la llevó a un hotel, y allí la torturó, abusó sexualmente de ella, y la estranguló y asfixió con cinta adhesiva. Tras lo cual, probablemente, la mutiló en la habitación para guardar el cuerpo con mayor facilidad, y finalmente lo dejó tirado cerca de la playa…

En marzo de 1978, Richard bebía en un bar cuando de pronto una mujer atrajo su atención. Él se acercó a la chica (Karen Schilt) pretendiendo ser un tal “John Schaefer”, conversó un rato con ella, la drogó (sin que ella lo notara), la llevó a un sitio que aún permanece sin identificar, y allí la violó, para finalmente, creyendo que estaba muerta, dejarla abandonada en una alcantarilla cercana a un complejo de apartamentos.

Casi seguramente Karen estaba inconsciente cuando la violaban; ya que, poco después de su suplicio, fue encontrada por un empleado de hotel y llevada a la comisaría, donde no pudo recordar prácticamente nada de lo sucedido (debido a la droga que Richard le dio)…

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Tras lo sucedido con Karen, Richard estuvo tranquilo hasta octubre de ese mismo año, mes en el cual violó e intentó matar a la prostituta Susan Geiger, quien afortunadamente sobrevivió.

Esta vez no esperó mucho para su siguiente crimen, y en diciembre de 1979 contrató a una pareja de prostitutas y se las llevó al Travel Lodge Motor Inn, donde empleó gran parte de la noche en torturarlas y abusar sexualmente de ellas, para finalmente asesinarlas, cortarles las cabezas y las manos, meter las cabezas y las manos en un saco, prenderle fuego a la habitación y marcharse impunemente.

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Cuando el humo comenzó a salir por debajo de la puerta, un empleado del hotel avisó a los bomberos y, cuando posteriormente la Policía llegó, no había más que dos cuerpos mutilados y engullidos por el fuego: uno perteneciente a la prostituta de origen kuwaití Deedah Godzari (de 23 años y madre de un bebé de cuatro meses), el otro, perteneciente a alguien que aún está sin identificar, y que solo se sabe que era una chica con no más de 19 años.

Ya en 1980, un 5 de mayo, Richard acabó con la prostituta Valerie Ann Street de 19 años. El crimen fue descubierto por una mujer perteneciente al personal de limpieza del Heights Quality Inn, en New Jersey. Aquella pobre limpiadora nunca olvidará el día en que estaba aspirando un cuarto cuando de pronto, al meter la aspiradora bajo la cama, sintió que algo impedía el paso del aparato.

¿Qué sería? Para averiguarlo, hizo un esfuerzo y levantó el colchón, topándose con un auténtico cuadro de horror: era un cuerpo femenino, desnudo, con las manos esposadas contra la espalda, señas de fuertes golpes en las piernas, restos de cinta adhesiva en la boca, y mordidas por todas partes, sobre todo en los pechos, de los cuales el asesino había arrancado, muy al estilo de Chikatilo, verdaderos pedazos de carne, dejando casi ausente uno de los dos senos… Por suerte, Richard cometió el error de dejar una llave, y esto permitió extraer una huella digital.

La siguiente en la lista fue la prostituta Pamela Weisenfield, quien el 12 de mayo fue torturada y violada, pero el asesino la dejó con vida.

Su último asesinato fue la prostituta Jean Mary Ann Reyner de 25 años. El crimen ocurrió de noche, un 15 de mayo de 1980. Todo empezó cuando Jean Mary andaba ofreciendo sus “encantos” en una calle cercana al Time Square. Entonces Richard la vio, se acercó a ella y la llevó, supuestamente para gozar de sus servicios, al histórico pero decadente Hotel Sevilla, ubicado en la Calle 29 cerca de la Madison Avenue.

En la habitación del hotel, aparentemente después de tener relaciones, Richard sacó un puñal y comenzó una brutal lluvia de puñaladas que sólo se detuvo cuando la chica, desnuda y con las carnes abiertas por todas partes, cerró los ojos y se durmió para siempre, rodeada de su sangre aún tibia.

Tras el abominable acto, Richard cortó metódicamente ambos senos del cadáver, los puso elegantemente juntos en la cabecera de la cama, le prendió fuego a la habitación y se marchó, otra vez impunemente…

El 18 de mayo de 1980, Leslie Ann O’Dell, una jovencita de 18 años, llegó a Nueva York en un autobús salido de Washington. No tenía dinero, necesitaba comer y dormir, y le gustaba el sexo; así que, apenas llegó, contactó con proxenetas que andaban por la estación de buses, y se entregó a la prostitución callejera, sin saber que lo lamentaría cuatro días después…

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En efecto, llegó la noche del 22 de mayo y, mientras se exhibía en una esquina de la Avenida Lexington y la Calle25, Richard apareció y solicitó sus servicios. No fueron de una a la cama sino que siguieron el conocido ritual de la prostituta cara, a la cual primero se le invita unas copas y, ya después de haber gastado dinero en ésta, se le puede por fin ofrecer una suma considerable para disfrutar de sus servicios…

Eso hizo Richard, y de maravilla, porque la conversación fluyó muy bien hasta las 03 a.m., hora en la cual, inesperadamente, le ofreció llevarla a una estación en New Jersey, a fin de que se libre de los molestos proxenetas de Nueva York, con los cuales parece que no estaba muy contenta…

Extrañamente, parecía que Richard en realidad quería entretenerse con la víctima antes de matarla, como si le hubiese agradado y quisiera gustar de su compañía antes del postre… En cuanto a Leslie, estaba convencida de las “buenas” intenciones de aquel caballero amable que, encima de librarla de los proxenetas neoyorquinos, le acababa de invitar un delicioso bistec en uno de esos restaurantes que abren toda la madrugada.

Allí, en el restaurante, otra vez charlaron fluidamente, y Richard le ofreció 100 dólares a cambio de sexo, cosa que ella aceptó encantada, quedando en que el motel sería el Hasbrouck Heights Quality Inn.

Así pues, tras conseguir una habitación en el motel acordado, Richard le dijo que quería ir al frente un ratito, poco después regresó con un maletín y una botella de whisky, cerca de las 05 a.m. Allí en la habitación, él se ofreció a darle un masaje y ella adoptó con complacencia una postura adecuada; sin embargo, mientras él masajeaba su espalda, sacó un cuchillo del maletín y se lo puso en la garganta, a la par que sacó unas esposas y la inmovilizó…

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Mientras Leslie trataba de hacerle entender que todo eso era innecesario, él comenzó a torturarla: mordisqueó uno de sus pezones y otras partes de su cuerpo, la violó por delante y por detrás, le hizo pequeños cortes con el cuchillo, la golpeó, la azotó con su cinturón de cuero y la forzó a practicarle felaciones; antes de las cuales, según contó Leslie, el asesino le dijo con autoritario desdén:

«Tienes que tomarlo. Las otras chicas lo hicieron, tú también tienes que tomarlo. Eres una puta y tienes que ser castigada».

Si no fuera por lo estremecedor de los gritos de Leslie, el asesino habría acabado con su vida, pero el personal del hotel oyó su agonía y llamó a la Policía.

Cuando los agentes irrumpieron en la habitación, Richard tomó sus instrumentos de tortura y salió corriendo, pero otros policías lo interceptaron y capturaron en el pasillo.

Finalmente, tras extraérsele confesiones y realizar las debidas investigaciones, Richard fue encontrado culpable de 15 de los 20 cargos que se le imputaban. El proceso judicial duró tres años, durante los cuales Richard intentó suicidarse dos veces, aunque no pudo escapar de ser sentenciado a cien años en prisión, pena que aún cumple. 

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